Resiliencia: Adaptarse a las dificultades y los cambios
septiembre 14th, 2021
Todos hemos experimentado tiempos de cambio, de reflexión y dificultades en este periodo de pandemia. Estos cambios han afectado a nuestra forma de trabajar, de conectar con otras personas y de relacionarnos. Algunos han sufrido la distancia, la soledad, pero también la reinvención, la adaptación y el crecimiento personal. La diferencia entre un sentimiento negativo y otro positivo en las situaciones inesperadas viene dada por nuestra capacidad de resiliencia.
Nadie preveía que dejaríamos las oficinas por el teletrabajo, que las reuniones serían por vídeo o que no podríamos acceder a lugares donde antes nos concentrábamos habitualmente. Estos cambios suponen un gran impacto para la rutina habitual. Sin embargo, en gran parte, hemos sabido adaptarnos mejor de lo que esperábamos. En menor o mayor medida hemos aplicado nuestra capacidad de resiliencia.
Definimos la resiliencia como la capacidad de una persona a sobreponerse de las dificultades y crecer de forma positiva gracias a ellas.
El sociólogo belga Stefan Vanistendael ha ahondado en este concepto y distingue tres dimensiones por las que pasamos al desarrollar nuestra capacidad de resiliencia:
- Resistencia. Aumentamos nuestras competencias
- Construcción de nuevas creencias, nuevas ideas.
- Transición, donde pasamos de una visión negativa a una positiva.
Aunque cada vez seamos eficaces a la hora de adaptarnos, el proceso en sí se puede simplificar o dividir en fases para facilitar su intervención. Ser conscientes de las dimensiones que engloban estas capacidades nos facilitarán su mejora.
Existen varios sistemas para desarrollar la resiliencia con distintos enfoques, de los cuales hoy explicamos 3 modelos de los más acogidos:
Modelo de LA CASITA
Vanistandael es el creador de un modelo de trabajo de la resiliencia llamado “La Casita”, donde explica el desarrollo de esta capacidad como el proceso de construcción de una casa. Permite ver la superación de dificultades como un proceso sencillo y comprensible, en el cual equipara las plantas de una vivienda con los distintos componentes y fases que nos permiten mejorar dicha capacidad:
- El suelo. Siguiendo la pirámide de Maslow, es la base de nuestra casa y debe cubrir nuestras necesidades fisiológicas, de vivienda, de ropa y sexualidad. Necesidades básicas de alimentación y salud.
- Los cimientos. Vínculos afectivos y red de apoyos. Los lazos creados con nuestra familia, amigos, entorno. La calidad de esas relaciones hará que nuestra casa sea más sólida o por el contrario más frágil.
- Primer piso. El sentido de nuestro proyecto de vida. Tenemos la necesidad de dar sentido a aquello que experimentamos. Nos hacemos principalmente dos preguntas: ¿para qué? Y ¿por qué? Debemos saber qué nos aporta aquello que hacemos o que vivimos.
- Segundo piso. En este piso encontramos tres habitaciones distintas:
- La autoestima. Es el espacio que recoge la opinión tenemos de nosotros mismos. Cuáles son nuestras fortalezas.
- Las aptitudes personales y sociales. Aquí incluimos todas esas destrezas personales que nos permiten llevar a cabo otras más complejas o relacionarnos: creatividad, proactividad, escucha activa, trabajo en equipo, etc.
- El humor. Nos aporta una visión hacia lo positivo cuando vemos todo oscuro y negativo. Vanistandael da mucha importancia a este aspecto y su relación con la resiliencia.
- Buhardilla. Esta planta es una habitación abierta a nuevas experiencias. Si tenemos una casa sólida, nos encontraremos más abiertos vivir otras aventuras que nos enriquezcan.
Con este modelo podemos trabajar cada parte de forma individual y centrarnos en un aspecto concreto a mejorar.
Modelo de las 4 verbalizaciones
Este sistema fue desarrollado por Edith Grotberg, profesora adjunta del Instituto de Iniciativas de Salud Mental de la Universidad de Washington. Se basa en el concepto de que la resiliencia es dinámica y por tanto se puede perfeccionar y progresar.
Se centra en 4 expresiones que potencian nuestra visión global y competencias a medida que las repetimos y aumentamos el número de situaciones en que podemos verbalizarlas:
- Yo soy
- Yo tengo
- Yo puedo
- Yo estoy
Cada una de ellas amplia y refuerza nuestro autoconcepto, nuestras habilidades, competencias y la toma de conciencia de responsabilidad sobre las mismas.
Si en situaciones de riesgo nos mandamos un mensaje negativo a nosotros mismos, las probabilidades de fallar serán mucho mayores. Si nos centramos en nuestras fortalezas, hacerlas conscientes y reforzarlas, nuestras probabilidades de éxito, especialmente al cambio, aumentarán considerablemente.
Escala de Resiliencia
Por último hablamos del modelo de Wagnild y Young o escala de resiliencia , que nos permite evaluar y medir los niveles de adaptación que tiene una persona frente a situaciones importantes.
Se compone de 25 items que son valorados del 1 al 7 según el grado de conformidad, siendo el 1 el de mayor el desacuerdo y 7 el de mayor acuerdo.
Estos 25 items se dividen en dos factores diferenciados:
- Factor 1: Competencias personales.
- Factor 2: Aceptación de uno mismo y de la vida.
Gracias a esta escala podemos cuantificar nuestra resiliencia y detectar los puntos de mejora.
Todos estos modelos son un ejemplo de cómo nuestra capacidad de adaptación a los cambios no es algo inalterable o estricto, sino que es dinámica y se puede potenciar. La verbalización y la acción repetida fortalecen el desarrollo de nuestra adaptabilidad y nuestra autoconfianza.
Por otro lado, la división de las dimensiones y cualidades de la resiliencia nos permiten atender a la parte específica que debemos trabajar. La superación de vivencias dramáticas ya no será algo relegado a la suerte de cada uno, sino a la preparación y al entrenamiento.
